¡Ah cómo nos hace ver mal nuestro egocentrismo! Yo llegué a pensar, alucinatoriamente, que apalancando mi pie derecho fuertemente al suelo, frenaba la rotación de la Tierra. ¡ Cuánta fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que la aceleraba!
Textos sobre educación, psicología, literatura, humor, tenis y todos los temas emergentes cuyas leyes de atracción me imanten.
¡Ah cómo nos hace ver mal nuestro egocentrismo! Yo llegué a pensar, alucinatoriamente, que apalancando mi pie derecho fuertemente al suelo, frenaba la rotación de la Tierra. ¡ Cuánta fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que la aceleraba!
Miaukus
Me ve el gato:
se entera de todo
lo que dejo ver.
Lo acaricio.
al oírlo ronrronear,
soy ronrroneo.
Como estatua.
La presa en su
pupila.
No escapará.
Gato durmiendo.
Parece ni respirar.
Es todo sueño.
¡Salta el gato!
Fue tan fugaz su
lance
que ni lo vimos.
El monólogo que quiso ser diálogo
Había una vez un monólogo que, entusiasmado por lo que estaba rumiando, quiso compartirlo y tener una conversación expansiva, y se dispuso a renunciar a su naturaleza y atreverse a ser parte de un diálogo. Lo intentó varias veces, pero siempre que se expresaba, no quedaba satisfecho, pues solo a momentos había diálogo, y siempre terminaba por vencer la sordera, convenciéndose que, más persuasivo que fuera, resultaba todo en una alternancia de monólogos, por lo que cayó en la cuenta de que el diálogo solo era posible consigo mismo.
¡Atención!,
atención…
Poco supo escapar.
¡Tantas afueras
saquean tus adentros!
Revisa a quien entra a
tu club de fugitivos
¿No escuchas cómo
rechinan tus silencios?
Ya viste lo que hay
detrás de lo que ves.
Silba siempre,
conjura.
Mucho es juego de
espejos.
No sientas: presiente.
Atrinchera tu pulso.
Camaleón de las
derrotas que esperan de ti
sé búnker de quienes
quieres.
Seynru de las
mujeres II
Somos los hombres
planetas orbitando
a las mujeres.
¡Ah cómo nos hace ver mal nuestro egocentrismo! Yo llegué a pensar, alucinatoriamente, que apalancando mi pie derecho fuertemente al suelo...