El monólogo que quiso ser diálogo
Había una vez un monólogo que, entusiasmado por lo que estaba rumiando, quiso compartirlo y tener una conversación expansiva, y se dispuso a renunciar a su naturaleza y atreverse a ser parte de un diálogo. Lo intentó varias veces, pero siempre que se expresaba, no quedaba satisfecho, pues solo a momentos había diálogo, y siempre terminaba por vencer la sordera, convenciéndose que, más persuasivo que fuera, resultaba todo en una alternancia de monólogos, por lo que cayó en la cuenta de que el diálogo solo era posible consigo mismo.