lunes, 29 de noviembre de 2021

Microficción acumulativo nov 29

El sabio de la tertulia Le gustaba ir a las reuniones de ese grupo. Había tipos más locuaces que otros, pero todos eran expresivos, y eso le parecía fascinante a su mirada observadora, por lo cual sonreía con mucha sintonía hacia ellos. Los tertulios lo consideraban un hombre sabio. No sabían que era tan sólo un analfabeto sordo y discreto. Autognosis obsesiva Infatigable curioso de sí mismo, había alcanzado un considerable autoconocimiento. Agotó todas las formas de meditación y de consulta con los psicólogos de las más variadas tendencias. Ni la palma de su mano, ni su carta astral tenían más que decirle. Y cuando pensaba que con los fisiognomistas y los expertos en lenguaje corporal había terminado su búsqueda, se le ocurrió ir con un endoscopista. Rocas vengativas Muchas rocas, enriquecidas con mineral valioso, molidas a polvo en las plantas mineras de beneficio, guardaron tanto resentimiento a los hombres, que reencarnaron en cálculos biliares. La zorra y las uvas Se la había pasado mirando esas uvas y, aunque tenía hambre, exclamó: “¿A qué pendejo se le ocurrió que las zorras somos vegetarianas?”. La Medusa vanidosa A una Medusa le dio por querer un peinado a la moda, pero por más que intentó usar distintos productos y ensayar múltiples procedimientos, no lograba domar su herpética cabellera rebelde. Por fin, un día después de fatigar innumerables libros de una bien surtida biblioteca, encontró la solución: acudir con un encantador de serpientes hindú ciego, y mientras el del turbante desalborotaba y su mata, ella la acomodaba a su gusto. Para garantizar que se quedara así su peinado, uso un fijador de formol que le pidió a una amiga taxidermista.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Aparición equívoca

Aparición equívoca Se apareció esa Virgen en aquel planeta que no sabía deshabitado, y se fue con la ilusión de tener mejor suerte en otros.

sábado, 6 de noviembre de 2021

Coartada escatológica

Cuando su hija favorita se atrevió a preguntarle a ese cruel Señor feudal, que cómo era posible que escribiera esa poesía tan humana y compasiva, él le dijo: “para que, en el Juicio Final, sea una prueba de que, en el fondo, yo era bueno”.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Microficción acumulativo nov 5

El compositor de caricias Tenía ese don. Hizo una fortuna con este anuncio:” Se afinan mujeres”. El revire Mal perdedor, le espetó al ganador: “¡Perdí, pero soy tu padre!”. Y ya se iba cuando escuchó decir a su rival: “Salúdame a la piruja de mi abuela”. ¿Cuál? “Sabemos que el ladrón es su cuñado”, dijo el detective. Y él dijo “Sí, yo sé… ¿cuál de todos?”. Bibliófobo Yo no quiero ser uno de esos mamones que hablan de sus lecturas, de cosas que no han vivido, y que no se les entiende nada. Farsantes. Como si no bastara la experiencia propia. Ni que fueran tan importantes los libros. Mininofobia No es que me caigan mal, sino que los pinches gatos son insoportables: miran bien feo. El fiel calado ¿Cómo hacerle entender que, desde que la traté por primera vez, supe que era el amor de mi vida, que si anduve con tantas mujeres fue para asegurarme de que no había mejor mujer que ella? El teclado roto enamorado Había una vez un teclado roto, con sólo cuatro teclas, que se enamoró de una pantalla y le declaró su amor así: “t d c o”.

Invitación a un tour amoroso

Con todos mis recursos amatorios, inauguraré rutas en tu cuerpo. Haré senderismo por tu piel, y me detendré a que disfrutemos los parajes que tu indiques. Podrás hacer lo mismo con el mío.

lunes, 3 de julio de 2017

Soneto para José Alfredo

SONETO PARA JOSÉ ALFREDO Con mucho talento en la cabeza a sus canciones les ponía sazón, blandía la pluma de su tristeza para extraer rimas del corazón. Buscó en las féminas, bellos seres el amor, escurridiza quimera, y la reina de todas sus mujeres, no fue la última, ni la primera. Pronto supo lo que era la muerte, entendió la brevedad de la vida, ante lo cual él, mejor se divierte. Decidió envejecer sin medida y jugar intensamente su suerte: mucho amar, música y bebida.

lunes, 29 de mayo de 2017

Aprender a sospechar

La educación escolar se caracteriza, entre otras cosas, por ser una empresa credulizadora. Busca implantar en los alumnos una obediencia que no sólo discipline al cuerpo sino que, también, haga lo mismo con el pensamiento. Pensemos en como ha enseñado la vida y obra de los héroes, la llamada historia de bronce escolar, y tendremos la evidencia de cómo se acostumbra a los niños y a los jóvenes a creer a pie juntillas en lo que dice el maestro, el eterno magister dixit, y a hacer esto como un acto de deglución cognitiva sin la necesaria previa masticación por el entendimiento de lo que se alojará en las seseras. Aquí el punto importante es el tragado de bocados temáticos enteros, más que la índole temática de los mismos. ¿Cómo ocurre esto?. A través de la difusión de ciertas expresiones y palabras mañosas, cuidadosamente escogidas, se disfraza la verdad sobre ciertos hechos y, quienes son crédulos, se tragan palabras equívocas, semánticamente perversas. Pongamos algunos ejemplos. Empecemos por la expresión “balas de goma”. Esta frase hace pensar que las fuerzas policiacas disparan inofensivas y bonitas balas de goma a los manifestantes en turno, y sugieren que, cuando mucho, provocan un dolor agudo. Sin embargo, sería más apropiado llamar a esas balas de goma “balas de acero recubierto”, ya que eso son, y entender que matan. Otro ejemplo de significados linguísticos torcidos es el de la palabra “terroristas” que utilizan tan a menudo los estados Unidos para referirse a todos aquellos opositores que encuentran en cuanto país invaden. En sentido estricto, un terrorista es alguien que crea o se propone crear terror en una población, y ese es el caso del ejercito israelí con el pueblo palestino, o de los soldados de la OTAN cuyos ataques nocturnos aterrorizan al pueblo afgano y, curiosamente, nunca hemos leído en la prensa o escuchado en los noticiarios que el ejercito israelí o de la OTAN es terrorista, porque dichos medios son controlados por el sionismo. Un ejemplo más es el del bautizo tramposo del ejército de los Estados Unidos como “Departamento de Defensa”, cuando se ha dedicado a invadir y ofender a medio mundo, por lo cual sería más justo, más exacto, que se llamara “Departamento de Ofensa”, o “Fuerzas Ofensivas”. Pongamos por último ejemplo el de las llamadas bombas inteligentes, o el de los denominados edificios inteligentes. Decir de algo que es inteligente es adjudicarle una capacidad que únicamente tienen los animales y el hombre. Como se les han incorporado ciertos chips programados, sería más correcto hablar de bombas o edificios programados, pero motejarlos de inteligentes vende tramposamente la idea de que sus diseñadores son mucho muy inteligentes y que las bombas o edificios de otros países son bombas tontas o edificios mensos. Todos los ejemplos anteriores nos llevan a la conclusión de que es muy importante que se eduque en la sospecha, en la duda, ya que existe mucha información trucada, tanto comercial (pensemos en la etiqueta de “natural” con la que se engaña al consumidor) como propagandística, y estos mensajes y palabras tramposas confunden, desorientan, desinforman, y pueden motivar reacciones irreflexivas en nuestro comportamiento hacia ciertos grupos, naciones, mercancías y objetos. Si se educa sobre estas trampas, se estará enseñando a la gente a ser más sanamente escéptica y racional.

El sueño de la libélula

El sueño de la libélula Érase una vez una libélula llamada Libelú, que soñó que era la última parte de una borrosa palabra soez, de un poe...